Historia

En Buganvillita creemos que cada flor guarda una Historia.

Cada flor es especial y requiere un tratamiento diferente, y esa es un poco la magia detrás de este proyecto, no olvidar que las flores tienen personalidad propia, y como tal, soy yo quien he de adaptarme a ellas.

Otras veces es la historia de la propia flor. Nació para florecer solo durante un instante, pero encuentra una nueva forma de existir. Se convierte en una pieza con recorrido, con significado y con una belleza que perdura mucho más allá de su floración.

Flores Prunus

También es una historia de legado. Porque algunas joyas no solo acompañan a quien las recibe, sino que permanecen con el paso del tiempo y pueden transmitirse de generación en generación, llevando consigo el recuerdo de quienes las han llevado antes.

Flores Astromelias

Y, al mismo tiempo, es la historia que todavía está por escribirse. Cada pieza comienza una nueva etapa cuando encuentra a la persona que la hace suya. Desde ese momento, deja de ser únicamente una joya botánica para convertirse en parte de nuevas vivencias, nuevos recuerdos y capítulos.

Porque una historia no pertenece solo al pasado.

Una historia también se vive en el presente. Evoluciona con el tiempo, se construye con cada experiencia, se cuenta, se comparte y continúa creciendo.

Esa es la esencia de Buganvillita.

No solo preservar flores.

Convertirlas en Historias.

Sobre mí

Siempre digo que Buganvillita nació de las flores.

Pero, si soy sincera, todo empezó mucho antes.

Durante mucho tiempo viví con la creencia limitante de ser una persona poco creativa. Hasta que la resina llegó a mi vida y me regaló algo que no estaba buscando: un espacio donde detener el ritmo, bajar los niveles de ansiedad del día a día y descubrir una forma diferente de crear.

Sin darme cuenta, aquello que había encontrado en la artesanía iba mucho más allá de aprender una técnica. Había encontrado un lugar donde detenerme, crear y cuidar de mí misma.

Claudia, la persona detrás del proyecto

Lo que empezó siendo un refugio acabó convirtiéndose en un proyecto con propósito.

Con el tiempo entendí que no estaba creando únicamente joyas botánicas, sino dando una nueva vida a flores que habían formado parte de momentos importantes y ayudando a conservar las Historias que las acompañaban.

Hoy sigo trabajando exactamente igual que el primer día: una pieza cada vez.

Cada joya está hecha completamente a mano y, con cada una de ellas, no solo entrego una parte de mí. También entrego un poco de mi paciencia, de mi aprendizaje, de mi curiosidad, de mi inspiración, de mi pasión y del cariño que pongo en cada detalle.

Porque sé que, cuando una pieza llega a tus manos, deja de formar parte de mi Historia para empezar a formar parte de la tuya.

Ni las flores son solo flores.

Ni mis joyas son solo joyas.

Colecciones que vas a encontrar